DESCONEXIÓN: la lucha que margina al ilustrador

Autor > Oscar Senonez / La ausencia de ilustraciones en este artículo es intencional.

Para seguir con las grietas en los enfoques militantes contra la IA que tracé en "ILUSTRACIÓN: Grietas en la lucha contra la IA", y después de hablar del futurismo y la paradoja regulatoria, llego a la desconexión. Un punto que me parece crucial, porque toca el nervio de lo que significa sobrevivir como ilustrador.

Cabe volver a señalar nuevamente que estos artículos pretenden ser un análisis lo más objetivo posible, sin imponer mi mirada. Creo que ya se conoce mucho la perspectiva de la lucha idealista, pero poco la mirada cruda y las soluciones más concretas. Acá solo expongo cuestiones a considerar; luego cada ilustrador es libre de tomar la posición que le parezca correcta.

La desconexión como problema central 

La lucha contra la IA está justificada, es ética, es moral… pero si en la batalla no se observa el panorama completo (lo que ya mencioné en artículos anteriores) y no se mantiene una conexión real (no solo teórica, filosófica o idealista) con el ilustrador como trabajador, se corre el riesgo de perder el eje de la lucha: defender la supervivencia del ilustrador.

La desconexión surge cuando la lucha contra la IA, por más noble que sea en su rechazo ético, termina aislando al ilustrador de un mercado que ya está cambiando. No hablo de capitular ni de abrazar la máquina sin cuestionarla; hablo de reconocer la posibilidad de lo que planteé en "Futurismo": la IA no eliminará el oficio, pero sí lo acelerará.

Autoexclusión por principio 

La militancia contra la IA suele pedir un rechazo absoluto: no usarla en lo más mínimo, no tener contacto con ella y, en algunos casos, impedir que otros la usen. La cuestión es que, si se cumple lo que afirmo, esa renuncia total a aprender, usar o integrar de alguna forma la IA en el proceso de trabajo llevará a muchos ilustradores a la autoexclusión. Los relegará, no por falta de talento, sino por desconexión.

Mientras se milita contra la IA en abstracto, ella sigue avanzando y asimilándose en cada punto del proceso de producción editorial, publicitario y más. Los ilustradores, por la lucha ética y su negativa a tocarla, pierden tiempo valioso de aprendizaje en esta etapa que parece de transición: la IA avanza, pero aún no está del todo integrada en cada ámbito… aunque lo estará.

Y si en este tiempo de resistencia el ilustrador no aprende a integrar la IA de alguna forma (al menos parcialmente) en su proceso de trabajo, las chances de quedar relegado aumentan.

Pensemos en el ecosistema editorial, del que tanto hablo en este espacio. La IA ya está acelerando todo: genera borradores de textos, diseña layouts preliminares, corrige textos etc. Comprime los tiempos. Un libro que antes tomaba meses en armarse podría en breve exigir entregas en…no lo sé, ¿semanas?. El editor, presionado por costes y competencia, pedirá ritmos más rápidos. ¿Y el ilustrador? Si se niega a explorar cómo la IA puede asistir en fases de su trabajo creativo, quedará atrás no pudiendo asumir ese ritmo. No por falta de talento, sino por no adaptarse a un flujo que ya mutó.

Principios, práctica y supervivencia 

La desconexión es esto: mientras se milita contra la IA en abstracto, esa lucha se desconecta del ilustrador que necesita seguir trabajando, y el ilustrador se desconecta de su propia realidad laboral. La lucha idealista, desconectada de la práctica diaria, puede volverse estéril. ¿De qué sirve ganar batallas éticas si el mercado te deja fuera? El dilema ya no es solo moral en cuanto a usar o no la IA; es también práctico, de supervivencia.

Al final, la desconexión no protege el oficio: lo margina.

¿Aprender sobre IA significa traicionar principios? ¿Puede ser la IA una herramienta subordinada, como un pincel digital?. Dado lo planteado, las respuestas deberá dárselas cada uno, pero sabiendo que el mundo y su avance tecnológico no nos esperan: sigue moviéndose.

Ahora, suponiendo que la respuesta a "¿Aprender sobre IA significa traicionar principios?" sea  NO y la respuesta a "¿Puede ser la IA una herramienta subordinada, como un pincel digital?" sea , debemos inevitablemente analizar cuándo una obra con intervención de IA es ilustración per se y cuándo no lo es. De eso hablaré en el próximo artículo.