QUIJOTISMO: ilustración vs. IA
Autor > Oscar Senonez / La ausencia de ilustraciones en este artículo es intencional.
Para continuar el análisis del oficio de la ilustración frente a la IA iniciado en "La ilustración ante la IA: entre el rechazo furioso y la adaptación entusiasta", retomo el camino trazado en "ILUSTRACIÓN: Grietas en la lucha contra la IA". Ya he especulado sobre lo que imagino como futuro de la ilustración en "Futurismo", y abordado la "Paradoja" en torno a la regulación de la IA. Es momento de hablar del quijotismo.
Quedaron planteadas, además, dos preguntas: ¿debemos seguir luchando contra la IA? ¿pueden los ilustradores sobrevivir en este escenario?
Idealismo, prudencia y terreno real
No hay duda de que las buenas causas merecen ser defendidas, incluso cuando parecen osadas o "imposibles". Sin embargo, ejercer la prudencia no es un acto de cobardía. Mirar el problema desde lo práctico (lo más objetivamente que se pueda), y no solo desde el idealismo, puede resultar menos épico, pero suele ser más eficaz ante grandes peligros .
Podemos afirmar, sin exageración, que los ilustradores somos los hidalgos de esta profesión: guardianes de un oficio que defiende la intención y la humanidad detrás de la obra. Sin embargo, conviene recordar que incluso los hidalgos, históricamente, han tenido que analizar el panorama de la lucha antes de desenvainar. La verdadera caballería no residía en la carga ciega e imprudente, sino en la capacidad de leer el terreno, evaluar la envergadura del enemigo y discernir entre una batalla que vale la pena librar y un suicidio estratégico.
La pregunta es inevitable: ¿la lucha contra la IA corre el riesgo de convertirse en un acto quijotesco, una batalla contra molinos de viento? La amenaza, desde luego, no es imaginaria. La amenaza es real, tangible y ya está operando. Pero el modo de enfrentarla puede terminar siéndolo.
Ya he señalado en otros textos varios problemas asociados a esta lucha. Aquí quiero detenerme en dos de ellos, ya mencionados de manera lateral, que vuelven el panorama todavía más complejo.
Una guerra difícil de cerrar
Hay un pasaje bíblico que ilustra bien esta situación. En el Evangelio de Lucas se lee: "¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz" (Lucas 14:31-32). La cita habla de sensatez, no de mera rendición.
Supongamos por un momento que se lograra frenar a empresas como OpenAI y que todas las medidas anti-IA fueran aprobadas. ¿Sería eso una victoria? No lo creo tan simple.
Tomemos el caso de China, un actor central al que las regulaciones occidentales le resultan, en gran medida, irrelevantes. China desarrolla su propia tecnología de IA y la distribuye de manera masiva y gratuita. Modelos como DeepSeek o Qwen pueden descargarse sin costo, ejecutarse de forma local y entrenarse de manera personalizada. No hay aquí intención de detenerse por presiones externas: el enfoque es soberano, orientado a la innovación y al control interno. Aun si Occidente lograra frenar a sus propias empresas, China continuaría avanzando y exportando herramientas capaces de sortear cualquier intento de restricción global. La lucha se vuelve, entonces, parcial e incompleta, con un flanco abierto difícil de cerrar.
A esto se suma el fenómeno del open source. Ya mencioné en Paradoja lo que podría ocurrir si se prohibiera, pero aquí añadiré otra característica fundamental: el open source ya se observa tan imparable como la piratería digital. Estos modelos no dependen de corporaciones centralizadas. Se replican en repositorios anónimos, foros, servidores independientes. Se cierra un sitio, se bloquea un modelo, y aparecen diez más. El conocimiento ya está diseminado: cualquiera con una conexión puede descargar, modificar y utilizar IA local, offline y privada. Regular este escenario parece tan ilusorio como erradicar la piratería: décadas de leyes, cierres y sanciones, y aun así el fenómeno sigue vivo, mutando en la sombra. Una prohibición limitaría bastante el uso de los modelos, pero no lo eliminaría. En buena medida, el open source 'democratiza' la IA, para bien o para mal, y puede volver pírrica cualquier victoria contra los actores más visibles.
Defender el oficio o perderlo de vista
Si a todo esto se suma lo ya expuesto en artículos anteriores ( que el daño ya está hecho y los intereses económicos son tan enormes que gobiernos y corporaciones buscarán siempre la forma de volver al ruedo, incluso ante prohibiciones formales), la lucha contra la IA adquiere un tono claramente quijotesco. Obviamente vale la pena defender el oficio, pero combatir sin evaluar el terreno puede desviar la atención de lo verdaderamente urgente: la supervivencia del ilustrador en este nuevo escenario.
A la pregunta: ¿debemos seguir luchando contra la IA?, yo respondo que sí. Pero no con la lanza en ristre contra molinos de viento, sino exigiendo regulaciones que sean realistas, pragmáticas y justas: que eviten monopolios, que protejan la autoría y que permitan al ilustrador desenvolverse en un oficio que ya no es el de hace 20 años.
Pero este no es el único problema. Queda uno más por abordar: la DESCONEXIÓN. De eso tratará el próximo artículo.
