ALTERNATIVAS: dos caminos para sobrevivir como ilustrador ante la IA
Autor > Oscar Senonez / La ausencia de ilustraciones en este artículo es intencional.
Después de exponer las grietas de los enfoques militantes en artículos anteriores (el futurismo intermedio, la paradoja regulatoria, el quijotismo y la desconexión) y de abordar si una imagen con IA puede ser ilustración (ver artículo: "I-lustr-A-ción: ¿Una obra con IA es ilustración?" ), llego al punto más práctico de toda esta serie sobre "IA": las alternativas reales para que el ilustrador siga trabajando en un mundo que ya incorporó la IA. No son recetas mágicas ni soluciones colectivas; son caminos individuales, solitarios, que cada uno puede transitar según su contexto.
No veo más de dos alternativas viables hoy (al menos por ahora), y ninguna es perfecta. Una podría decir que una es una alternativa "limpia" y la otra es la alternativa "sucia". Y dado el contexto actual, ambas tienen riesgos.... pero ambas respetan la autonomía del creador y no dependen de nadie más.
La alternativa "limpia":
En "El Manifiesto ilustracionista del Siglo XXI" dejé asentada ésta idea: "nos toca a los artistas ser todo lo más humano que podamos ser...antes de que nos conviertan a todos en un avatar".
Eso lo mencioné en 2023, y hoy lo del "avatar" es una realidad innegable. En las redes vemos una avalancha de cuentas de personas que no existen, y creadores de contenido que se "clonan" a sí mismos para promocionar sus actividades y productos, mostrándonos cómo saltan en paracaídas o viajan a Marte.
Pero vamos al grano, la alternativa "limpia" sería:
Rechazar la IA por completo y convertir la humanidad total en sello personal.
El ilustrador se posiciona como "100% humano", sin intervención algorítmica en ningún punto del proceso. Y hace de esa pureza su marca diferencial.
La Ventaja clara de ésta alternativa es que en un mercado saturado de imágenes sintéticas, homogéneas, aburridas, que terminan en "cansancio visual" por parte del público, lo humano auténtico se convierte en lujo. Clientes que valoran el "alma", los matices narrativos y la trazabilidad humana podrían pagar más por eso.
La dificultad práctica que le veo a esto es que NO alcanzará con seguir igual que como sigues hasta ahora sin usar IA y listo. Si fuera así de simple, ¿qué haces leyendo este artículo, no?... bueno, acá van al menos dos cosas no negociables en ésta alternativa:
Consolidación del nombre : Se necesita que tu trabajo y nombre como ilustrador sea reconocido lo suficiente, y es un reconocimiento que lleva tiempo construir (y podría tardar años, y a veces muchos años). Y ni siquiera me estoy refiriendo al reconocimiento de la audiencia en general, me refiero al reconocimiento de la industria para la cual trabajas. Que te reconozcan en el medio, que tengan idea de quien eres, qué haces, que hiciste, si eres alguien "contratable" e incluso si tu trabajo ayuda a vender lo que ilustra. Nadie comprará "humanidad" de alguien desconocido, de alguien poco confiable, de alguien con poco talento.
Es de suponer que quien ya lleva tiempo como profesional ya tiene esto asegurado, sin embargo, aún así puede que haga falta armar una estrategia para que no se olviden de uno y seguir vigente.
Calidad alta y factura notable : Se necesita tener un buen nivel artístico, no ser del montón, no ser mediocre. NO me estoy refiriendo a ser un genio de la pintura, sino a ser un buen profesional y que la obra de uno tenga solidez, quizás un estilo característico poco común, algo que se note como hecho por manos y criterio humano (incluso si es hecho con Photoshop u otros softwares) y un conocimiento criterioso del trabajo . La "ilustración limpia" no compite en velocidad ni en precio bajo; compite en autoría, autenticidad, profundidad, voz única y criterio de un profesional que conoce el oficio.
Tener un buen nivel demanda un autoconocimiento de las virtudes y limitaciones propias, un constante aprendizaje. Si llevas años como profesional seguro ya lo tienes pero si estas empezando debes saber que lograr un buen nivel también puede llevarte bastante tiempo.
En definitiva, ser "completamente humano" exige paciencia y excelencia sostenida.
La otra dificultad añadida que le veo a esta alternativa 'limpia' es que corre el riesgo de quedar reducida a un nicho 'premium' muy acotado, reservado para obras de 'calidad humana' con tiempos de realización extensos. Y si la industria en la que te mueves acelera constantemente sus tiempos de producción, los encargos puramente 'humanos y lentos' se reduzcan. Aquí surge la trampa económica: aunque teóricamente estos trabajos podrían cobrarse más caros, la realidad del mercado plantea preguntas incómodas. ¿Cuánto realmente más caro? ¿Hasta qué punto está dispuesto a pagar un cliente , en la industria, por la 'factura humana' ? Y, lo más crucial: ¿cuántos de estos encargos 'premium' se necesitan al año para cubrir los costos fijos y generar un salario digno? Para la inmensa mayoría de los ilustradores, me parece que las matemáticas simplemente no cierran. Si esta alternativa se convierte en un nicho de lujo, será demasiado pequeño para absorber a la masa de profesionales que el mercado está expulsando.
Esta problemática en cierta forma ya ocurría antes de la llegada de la IA, solo que ahora podría acentuarse. En otras palabras, me parece que es aún más evidente que la 'consolidación del nombre' y la 'calidad alta' no son solo requisitos, son el factor clave y la única barrera de entrada para sobrevivir si esta alternativa se transforma en un nicho de lujo.
Claro está que un ilustrador tiene otras alternativas para monetizar su arte sin depender de las empresas, dirigiéndose al consumidor directamente (algo que ya se hace). Pero en la mayoría de estos casos, el profesional actúa más como artista que como ilustrador en el sentido estricto del oficio. Y transformar esta alternativa, que solía ser solo un ingreso extra, en la principal fuente de ingresos es algo que no todos podrán o estarán dispuestos a lograr.
Y como ya comenté en "Ilustración: "aquí no ha pasado nad-IA", cambiar de "camino" no suele ser ni fácil ni rápido y conlleva variadas dificultadas, incluyendo el dilema vocacional de volcarse a una alternativa que no era la deseada originalmente.
La alternativa "sucia":
Antes de continuar, quiero volver a mencionar lo que dije en el artículo "La ilustración ante la IA: entre el rechazo furioso y la adaptación entusiasta" :
"Es fácil (y a menudo justo) criticar al colega que abraza la IA de manera entusiasta y oportunista. Pero ¿con qué superioridad moral se puede juzgar a quien se adapta, parcial o totalmente, para sobrevivir? Al fin y al cabo, el oficio del ilustrador también es una forma de ganarse la vida: comer, pagar cuentas, existir. Cuando la ilustración es un hobby sostenido por otro ingreso, el dilema no aprieta tanto. Pero para quien depende exclusivamente de ella, ¿no es casi un lujo negarse?"
Me parece que cualquier profesional inteligente entiende que NO necesitamos la IA para ilustrar, ni la IA hará "mejores" ilustradores en ningún sentido a nadie...y que, como ya lo mencioné también, a lo sumo la IA podrá acelerar procesos de trabajo en una industria que puede empezar a empujarnos a trabajar aún más rápido.
De manera que el ilustrador puede verse ante la necesidad real de utilizar la IA, no como método artístico, ni para mejorar, ni nada de eso sino por la simple y sencilla razón de que podrá ayudarlo a concretar proyectos más rápidos. O sea, para sobrevivir en una industria que ahora parece querer correr acelerando a fondo.
Creo haber dejado claro en mis artículos anteriores que el dilema de "ilustradores VS. IA" no es tan simple como lo plantean algunos. Y dadas las problemáticas ya mencionadas la otra alternativa de supervivencia no es "limpia", tiene la "suciedad" de usar la IA de alguna forma.... pero se trata de usar la IA a conciencia como "herramienta subordinada".
Entonces, si el ilustrador se verá ante esa disyuntiva de tener que usar la IA, debemos considerar esa alternativa y abordarla lo más criteriosamente posible.
Esta opción "sucia" que analizo ahora no es una hibridación delegada donde la máquina "interpreta" y hace todo; es usar IA como asistente técnico, acelerador y "pincel digital", siempre bajo control humano absoluto. Considerando, al fin y al cabo, que la IA es también un Software (aunque más sofisticado, claro). En esta alternativa la IA no genera el núcleo narrativo ni estilístico (eso sigue siendo del ilustrador); solo apoya tareas mecánicas o repetitivas.
El trabajo de un ilustrador puede ser ordenado en tres etapas claras, como se hace en otras disciplinas creativas (el cine, por ejemplo): preproducción, producción y postproducción.
Por lo que he visto en colegas profesionales (sobre todo en quienes se dedican al concept art), es perfectamente factible incorporar la IA en cualquiera de esas etapas (o en varias a la vez), dependiendo de qué se busque y cómo se quiera manejar el flujo. Lo importante está en que el ilustrador decida conscientemente dónde y cómo usarla, sin dejar que la IA tome el control de lo importante.
Creo que la clave aquí es la posibilidad de trabajar en local y en privado (con lo open source y modelos descargables, offline). Hay varias herramientas para ejecutar modelos directamente en la computadora. Es posible entrenar un modelo solo con tus propias obras, "clonando" tu estilo personal de forma segura y sin conexión. Eso, se supone, permitiría despachar rápido esos encargos pequeños y molestos que antes consumían tiempo y daban poco dinero (ilustraciones estándar, variantes repetitivas, fondos genéricos). El ilustrador gana velocidad sin sacrificar control: genera bocetos iniciales, texturas base o variantes, pero luego puede redibujar, refinar y decidir qué queda y qué no. A diferencia de lo que permiten hacer las plataformas online (ya sean gratuitas o pagas), trabajar en local permite casi un control absoluto de lo que genera el modelo, modificando todo conforme al criterio del profesional. El output final es del ilustrador, no de la máquina, manteniendo su interpretación dependiente, su intencionalidad clarificadora.
La ventaja para la supervivencia del lustrador es clara: mantiene ingresos en ritmos acelerados sin abandonar el oficio per se. Y la desventaja también es clara: la base ética de la IA sigue contaminada (entrenamiento con datos robados), y la línea entre "herramienta" y delegación es muy fina, cualquier paso más allá diluye la esencia humana y si no se mantiene el control, podrías pasar a ser solo otro operador más de IA. La otra desventaja es que, por el momento, la curva de aprendizaje es alta para un software de IA, local y privado, que te permita el mayor control de lo que se genera y los costos de una computadora que pueda trabajar fluidamente con modelos de IA pueden ser elevados, incluso si contrataras servidores privados externos para ejecutarlos. Esos costos, se supone, deberán ser agregados al presupuesto.
Considero que es verdaderamente estúpido creer que el uso de la IA vaya a hacer "mejor artista" o "mejor ilustrador" a alguien. Quien era malo antes de la IA, seguirá siendo tan malo como antes solo que con imágenes sintéticas.
Conclusión
La ejecución de estas dos alternativas dependerá del contexto de cada ilustrador. La "limpia" preserva la "pureza humana y ética" y busca diferenciarse por autenticidad; la "sucia" gana pragmatismo y velocidad sin traicionar el control creativo. Ninguna es fácil, pero creo que ambas son viables hoy y no dependen de nadie más.
Creo que queda claro que en esta escueta guía de "viabilidad laboral", en ambos casos lo que el cliente "compra" va más allá de la mera factura técnica. Compra nuestra capacidad de gestión creativa, la autoría, la narrativa, la dirección y el criterio del profesional.
La cruda realidad es que el mercado no espera. Quien se quede desconectado (por idealismo, rechazo o lo que fuese) se arriesga a la marginación y quien se adapte sin criterio arriesga diluir por completo el oficio convirtiéndose en un simple operador.
La supervivencia está en elegir conscientemente y ejecutar con disciplina. Si alguno tiene otra alternativa coherente no mencionada aquí, que lo comparta, con gusto quiero saber de ella.
Por el momento, en el próximo artículo daré un paso más y me arriesgaré a esbozar criterios para editores y colegas ante el uso de la IA.
