Criterio editorial y autoría del ilustrador en tiempos de IA

Autor > Oscar Senonez / La ausencia de ilustraciones en este artículo es intencional.

Hasta aquí he abordado la irrupción de la IA en el ámbito de la ilustración, analizando los dilemas que plantea el panorama actual y exponiendo las dos alternativas reales de supervivencia que, a mi juicio, se abren hoy para el ilustrador: 

- La ilustración ante la IA

- Grietas en la lucha contra la IA

- Futurismo

- Paradoja

- Quijotismo

- Desconexión

- ¿Una obra con IA es ilustración?

- Alternativas

En este artículo quiero dar un paso más y cerrar, por ahora, esta serie dedicada a la IA y la ilustración. Me propongo esbozar una serie de criterios concretos que, desde mi perspectiva, deberían tener en cuenta tanto ilustradores como editoriales (y, en general, cualquier ámbito donde se utilice ilustración) al momento de crear o publicar trabajos ilustrados.

En buena medida, estos criterios condensan de forma práctica lo planteado en “El Manifiesto ilustracionista del Siglo XXI” y las reflexiones que he venido desarrollando en este espacio.

Para comenzar, ofreceré un panorama general y luego pasaré a desarrollar cada punto fundamental de estos criterios, casi a modo de “tablas de Moisés”.

Tal como los concibo, estos criterios pueden funcionar como una guía para evitar que las producciones con ilustración se degraden a mero contenido algorítmico. Apuntan a resguardar la esencia del oficio y a orientar decisiones reales de producción, siendo útiles tanto para el ilustrador como para el editor.

El ilustrador gana claridad para defender su autoría y su criterio; el editor, por su parte, obtiene una herramienta para evaluar la presencia de una calidad humana auténtica y no caer en la trampa de lo sintético barato. En última instancia, también contribuyen a preservar la confianza del lector y a evitar que el oficio derive en un terreno caótico donde “todo vale”, o donde la presión de los plazos y los costos termine por destruir aquello que hace valiosa a la ilustración.

Estos criterios no buscan imponer reglas rígidas ni dictar moralinas. Son, más bien, criterios de supervivencia: una forma de intentar que el oficio continúe existiendo con la mayor dignidad posible.

 

PANORAMA GENERAL:

Una toma de posición desde la ilustración

En los últimos años, la discusión sobre la Inteligencia Artificial aplicada a la imagen ha sido abordada, en muchos casos, desde una falsa neutralidad técnica. Se habla de herramientas, de eficiencia, de inevitabilidad histórica. Se evita, casi siempre, la pregunta central: qué entendemos por ilustración y, en consecuencia, qué lugar ocupa el autor en ese acto.

No toda imagen que acompaña un texto es una ilustración. Y no todo aquello que produce una imagen participa del mismo estatuto simbólico.

Ilustrar no es producir imágenes

La ilustración no es un resultado visual, sino un acto. Un acto interpretativo, situado y responsable. Ilustrar implica leer, comprender, tomar posición y decidir. Implica elegir qué mostrar y, sobre todo, qué no mostrar. En ese sentido, la ilustración no se limita a describir un contenido, sino que lo interpreta desde una experiencia humana concreta.

Por eso, antes de discutir herramientas, conviene establecer (para el caso que nos ocupa hoy) una definición operativa clara:
la ilustración es un acto creativo realizado por un autor humano vivo, que asume la responsabilidad simbólica de la imagen que produce.

Todo lo demás podrá ser imagen, diseño, decoración o simulación visual, pero no ilustración en sentido estricto.

La cuestión del autor

Durante décadas se ha insistido en diluir la figura del autor. Se lo ha declarado muerto, funcional, irrelevante o sustituible. Estas operaciones teóricas, útiles en ciertos marcos académicos, hoy son utilizadas para legitimar algo distinto: la desaparición efectiva del autor como sujeto responsable.

La IA no crea. Genera. No interpreta. Combina. No decide. Calcula. Y, fundamentalmente, no responde por lo que produce.

Cuando una editorial acepta una imagen generada por IA como ilustración, no está adoptando una tecnología. Está tomando una posición ontológica, aunque no lo declare. Está afirmando que la experiencia humana es prescindible, que la autoría puede delegarse y que la responsabilidad simbólica puede diluirse en una cadena técnica sin rostro.

Técnica no es sustitución

Toda ilustración ha estado siempre mediada por técnicas: el lápiz, la imprenta, el offset, el software digital etc. Pero la diferencia es crucial: ninguna de esas técnicas pretendió ocupar el lugar del autor. La IA, en cambio, por sí sola no asiste el acto ilustrativo, lo simula.

El llamado prompting no constituye un gesto autoral. Es, más bien, la activación de un dispositivo que produce resultados sin experiencia, sin memoria y sin biografía.

Podría pensarse que el problema de la IA no es estético. Sin embargo, empieza a convertirse también en uno. Aun así, su núcleo sigue siendo ético y, sobre todo, experiencial. La técnica está inevitablemente ligada a la forma en que cada autor la utiliza: a su gestualidad, a la acción (o la omisión) de un trazo, al tamaño de una pincelada, y a una infinidad de microdecisiones libres que configuran una obra.

Son precisamente esas decisiones, nacidas de una experiencia concreta y de una mirada singular, las que una IA no puede producir, apenas puede imitarlas.

Responsabilidad y lectura

Una ilustración no solo se mira. Se lee. Y toda lectura implica consecuencias. Especialmente en el campo editorial, y más aún en la literatura infantil y juvenil, la imagen no es inocente. Forma sensibilidad, construye imaginarios y transmite valores.

¿Quién responde por una imagen generada por IA?
¿El software?
¿El dataset?
¿La plataforma?

Cuando nadie responde, lo que se pierde no solo es calidad, es responsabilidad.

Hacia un criterio editorial explícito

Frente a este escenario, la neutralidad no existe. Toda editorial, lo sepa o no, ya está tomando partido. La diferencia es si lo hace de manera consciente o por inercia.

Un criterio editorial claro implica afirmar que:

  • la ilustración es un acto humano irreductible,
  • la autoría no es una función decorativa, sino una condición,
  • la IA no puede sustituir el gesto ilustrativo sin vaciarlo de sentido.

Esto no es una postura nostálgica ni tecnófoba. Es una defensa del valor autoral en un contexto donde la imagen se ha vuelto infinita y, precisamente por eso, cada vez más intercambiable.

Diferenciar no es excluir

Rechazar la IA como ilustración no es negar su existencia ni prohibir su uso, Es diferenciar. Nombrar las cosas por lo que son. Preservar el sentido de una práctica que, sin autor humano, deja de ser lo que dice ser.

Ya estamos saturados de imágenes, ahora saturados de imágenes generadas. La ilustración auténtica no será la más rápida ni la más abundante. Será la que todavía pueda decir, con honestidad:
esto lo hizo alguien. Alguien que vive. Alguien que responde.

Y eso, hoy, no es poco.

 

PUNTOS FUNDAMENTALES:

 

1. Definición operativa de ilustración

Ilustración es un acto creativo realizado por un autor humano vivo, que interpreta un texto o encargo desde su experiencia, criterio y responsabilidad simbólica.

Todo lo que no cumpla esta condición no se considera ilustración, aunque produzca imágenes visualmente competentes.

2. Condición de autoría (criterio excluyente)

Para que una imagen sea aceptada como ilustración debe existir:

  • Un autor humano identificable.
  • Un acto de decisión consciente en cada etapa relevante.
  • Una asunción explícita de responsabilidad por el resultado final.

 Quedan excluidas:

  • Imágenes generadas por IA sin intervención autoral directa.
  • Prompting entendido como sustituto del acto ilustrativo.
  • Producción donde el “autor” no pueda dar cuenta del proceso.

3. Uso restringido de IA  (criterio técnico)

La IA sin intervención autoral humana no puede:

  • Generar la imagen final.
  • Suplantar la toma de decisiones estéticas.

La IA solo podría usarse como:

  • herramienta auxiliar no determinante,
  • apoyo técnico.
  • nunca como generadora de sentido.

4. Criterio de experiencia (criterio cualitativo)

La ilustración debe evidenciar:

  • Interpretación.
  • Toma de posición visual (la postura o “voz” del autor).
  • Elección consciente de los mecanismos de sentido y recursos expresivos de la obra.

 Una imagen que:

  • solo describe,
  • solo embellece,
  • solo replica estilos,

no cumple función ilustrativa, aunque sea técnicamente correcta.

5. Criterio de responsabilidad simbólica

El autor debe poder responder por:

  • El sentido de la imagen.
  • Sus implicancias culturales y emocionales.
  • Su adecuación al lector (especialmente en infancia).

La cadena de responsabilidad no puede delegarse en:

  • algoritmos,
  • datasets,
  • plataformas,
  • “la herramienta”.

6. Transparencia editorial (criterio ético)

El editor debe exigir:

  • Declaración de la intervención total del ilustrador en el proceso creativo.
  • Identificación clara del autor.
  • Rechazo de ambigüedad deliberada sobre uso de IA *

-          El editor debe estar obligado a dejar bien en claro y sin eufemismos, si la imagen que publica es generada por una IA.

El lector tiene derecho a saber si está frente a una ilustración o a una imagen generada.

7. Criterio de evaluación (checklist)

Una imagen es ilustración válida si responde afirmativamente a:

  1. ¿Hay un autor humano vivo identificable?
  2. ¿La imagen es resultado de decisiones conscientes del autor?
  3. ¿Existe interpretación y no mera literalidad?
  4. ¿El autor asume responsabilidad simbólica y ética?
  5. ¿La IA no sustituyó el acto creativo?

Si una sola respuesta es no, la imagen no se acepta como ilustración.

8. Posicionamiento editorial explícito

La editorial declara públicamente que entiende la ilustración como un acto humano irreductible y que las imágenes generadas íntegramente por Inteligencia Artificial no forman parte de su catálogo ilustrado.

Se trata de un criterio de identidad, no de censura.

La editorial logra:

  • Diferenciación clara frente a un mercado cada vez más saturado de imágenes genéricas.
  • Protección del valor autoral y del trabajo creativo humano.
  • Coherencia ética y estética en la línea editorial.
  • Refuerzo de la confianza del lector.

Saturados de imágenes infinitas, la autoría se convierte en valor.

 Al mismo tiempo, si una editorial decide utilizar total o parcialmente imágenes generadas íntegramente por IA en su catálogo, debería explicitarlo públicamente y de forma visible.

El público tiene derecho a conocer la posición de la editorial frente al uso de estas tecnologías y a saber qué tipo de imágenes está consumiendo.


Estos criterios no pretenden ser exhaustivos, pero sí ofrecer un marco necesario para orientarnos en el panorama actual.